Tu hijo tartamudea. Cómo saber si es parte del desarrollo o necesita atención.
Puede ser una etapa. Puede ser algo más. Vale la pena saberlo.
La tartamudez, también llamada disfluencia, es una alteración del ritmo y la fluidez del habla que se caracteriza por repeticiones, prolongaciones o bloqueos al hablar. Es más frecuente de lo que se cree: el 5% de los niños pequeños comienzan a tartamudear en algún momento de su desarrollo, generalmente entre los 2 y los 5 años.
La buena noticia es que el 80% de los niños que tartamudean se recuperan de forma espontánea, sin intervención, antes de los 7 años. El 20% restante mantiene la tartamudez en el tiempo. La fonoaudióloga puede evaluar en qué grupo está tu hijo, y si necesita intervención, cuándo y cómo.
Hay señales que aumentan la probabilidad de que la tartamudez persista: que sea un niño (la tartamudez que persiste es más frecuente en hombres), que haya antecedentes familiares, que la tartamudez haya aparecido después de los 3 años y medio, que vaya acompañada de tensión muscular visible o de evitación de situaciones de habla, y que haya estado presente por más de 6 meses sin mejoría.
La reacción de los adultos frente a la tartamudez importa mucho. Corregir, pedir que hable más despacio, completar sus frases, o mostrar impaciencia aumenta la ansiedad del niño y puede consolidar la disfluencia. La actitud más útil es mantener la calma, esperar, y mantener contacto visual sin mostrar incomodidad.
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