Tu familiar sufrió daño neurológico y su habla ya no se entiende.
Piensa con claridad. Entiende todo. Pero nadie lo entiende a él.
La disartria es uno de los síntomas más frecuentes del daño neurológico adquirido, y uno de los menos comprendidos por las familias. Está presente en el 54% de los casos de daño neurológico evaluados, en el 25% de los ACV lacunares y en el 60% de los pacientes con Parkinson. No es un problema de inteligencia ni de pensamiento. Es un problema de los músculos.
Cuando el cerebro sufre un daño, las señales nerviosas que controlan los músculos del habla, labios, lengua, mandíbula, cuerdas vocales, diafragma, pueden verse interrumpidas o debilitadas. El resultado es un habla que suena distorsionada, muy lenta, monótona, con voz débil o difícil de proyectar. La persona sabe exactamente lo que quiere decir. El problema está en la ejecución motora, no en el lenguaje.
Esto genera una experiencia de profunda frustración e isolamiento. La persona es perfectamente capaz de pensar, razonar y comunicar, pero el mundo exterior no puede recibirlo. Las familias a veces cometen el error de empezar a hablar por él, de completar sus frases, de asumir que porque el habla falló el pensamiento también falló. No es así.
El trabajo fonoaudiológico en disartria se enfoca en tres áreas: la respiración como soporte del habla, la articulación de sonidos específicos, y la proyección y resonancia de la voz. En casos severos donde la recuperación del habla oral es limitada, se implementan sistemas de comunicación aumentativa y alternativa, tableros de imágenes, aplicaciones digitales con voz generada, o estrategias de comunicación no verbal. El objetivo siempre es mantener la comunicación funcional, sea por el canal que sea.
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